No pedimos ser vistos, pedimos ser reconocidos. Yo tan sólo quiero ser visto nuevamente. No quiero que nadie me reconozca porque quien reconoce sólo subraya lo que ha visto. Quiero decir, vuelve a ver lo visto, pero no nuevamente. Reconocer no es etiquetar. Pero reconocemos porque etiquetamos. Etiquetamos un saludo, un tono de voz, con su consistencia y singularidad y reconocemos porque suponemos que no van a cambiar. Que yo siempre seré yo, jamás otro. Los mejores encuentros son los que nos dejan perplejos. Que yo dejaré de ser yo y entonces sólo valdrá que tu piel entre en contacto con la mía y puedan decirse algo que es imposible reconocer. No hacer que la piel hable, sino hablar dermáticamente. El reconocer se basa en la Repetición de lo mismo. Y bloquea y asfixia. Así, también en expresiones del tipo “A este lo tengo muy visto” es haber anular el cambio de sí y para otro. “No nos esperábamos esto de ella”, ¿Y quién os ha dicho que su vida iba a ser una lista que acaba de quince acciones, quince pensamientos, quince amores?
Lo que no soportamos es el ruidillo de fondo. Otros dirían el transfondo, pero no hay transfondo, porque el fondo es coetáneo de la diferencia. Y más allá de la diferencia, sólo se quiere poner la Identidad: Útil para reconocer. Habría que decir más a menudo y sin necesidad de alcohol “Tío antes creía que eras un capullo pero ahora veo que eres un tío genial”. También lo contrario. En cualquier caso no se trata tanto de creer (aunque creer deje sitio a la “sorpresa”) sino más bien de crear la Diferencia. Quien está aburrido lo está por rezar a la Santa Repetición de lo Idéntico. Es más, lo desea, no es que nazca así porque sí, no le reza porque quiera otra cosa. Deduje que el silencio era de los corderos, del matadero, del pasto. Deduje que el silenció jamás será de los corderos, sino del corderar. Pero el silencio del aburrimiento, que es lo mismo que la diferencia bajo el yugo de la Identidad, iba a funcionar demasiado bien. Funciona los fines de semana, funciona entre semana, toda una máquina preparativa. Toda máquina paranoica “Oh, dios mío, no puedo quedarme en casa encerrado sin salir, ¡no!” Respondería a esto: ¿Te tiene la casa encerrado o eres tú el que te has encerrado, el que ha encerrado la casa? Si la casa se tiene demasiado vista, dudo que lo que no es la casa no se tenga visto. Y si todo se tiene visto y reconocido, si todo te es idéntico, por qué buscar la diferencia partiendo de la Identidad? ¿Por qué es tan difícil pensar la diferencia qua diferencia? Al final, rezuma todo: Hay que salir para ser visto y reconocido y entrar (en casa) para que te reconozcas conocido.
Lo que no soportamos es el ruidillo de fondo. Otros dirían el transfondo, pero no hay transfondo, porque el fondo es coetáneo de la diferencia. Y más allá de la diferencia, sólo se quiere poner la Identidad: Útil para reconocer. Habría que decir más a menudo y sin necesidad de alcohol “Tío antes creía que eras un capullo pero ahora veo que eres un tío genial”. También lo contrario. En cualquier caso no se trata tanto de creer (aunque creer deje sitio a la “sorpresa”) sino más bien de crear la Diferencia. Quien está aburrido lo está por rezar a la Santa Repetición de lo Idéntico. Es más, lo desea, no es que nazca así porque sí, no le reza porque quiera otra cosa. Deduje que el silencio era de los corderos, del matadero, del pasto. Deduje que el silenció jamás será de los corderos, sino del corderar. Pero el silencio del aburrimiento, que es lo mismo que la diferencia bajo el yugo de la Identidad, iba a funcionar demasiado bien. Funciona los fines de semana, funciona entre semana, toda una máquina preparativa. Toda máquina paranoica “Oh, dios mío, no puedo quedarme en casa encerrado sin salir, ¡no!” Respondería a esto: ¿Te tiene la casa encerrado o eres tú el que te has encerrado, el que ha encerrado la casa? Si la casa se tiene demasiado vista, dudo que lo que no es la casa no se tenga visto. Y si todo se tiene visto y reconocido, si todo te es idéntico, por qué buscar la diferencia partiendo de la Identidad? ¿Por qué es tan difícil pensar la diferencia qua diferencia? Al final, rezuma todo: Hay que salir para ser visto y reconocido y entrar (en casa) para que te reconozcas conocido.







